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¿Hacia dónde vamos?

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¿Hacia dónde vamos?: Por Luis Fuenmayor Toro.- La pregunta con la que nomino este artículo tiene una respuesta a corto plazo y otra a mediano o largo plazo. Dos respuestas para la misma pregunta y ambas posiblemente ciertas; es cuestión de tiempo. Y aunque no lo creo, existe la posibilidad de una tercera respuesta. ¿Hacia dónde vamos?

En el corto plazo, habrá elecciones presidenciales y casi seguramente las ganará el Gobierno, aunque parezca una locura ante el desastre a que ha llevado al país y las pésimas condiciones de vida a que ha sometido a la población venezolana, las peores en por lo menos los últimos 70 años, para no aventurarme a ir más atrás. Maduro será Presidente, pues los errores en política se pagan y la oposición orgánica existente ha cometido demasiados: subestimación del adversario, incoherencia de sus acciones, falta de unidad, inmediatismo, sectarismo, adopción de vías sin estar preparada e incapacidad de comunicarse con un amplio sector social. En este momento, no se sabe si participará o no o lo hará parcialmente en los comicios convocados.

De no participar, Maduro hará unas elecciones como las efectuadas para elegir a la asamblea del PSUV que llaman asamblea constituyente. Ni siquiera tendrán que esforzarse para que su gente vaya a votar. Sin testigos reales en todo el proceso, simplemente inventarán los resultados y aparecerán millones de votos por el actual Presidente. Si sólo algunos participan, que parece ser bastante probable, estaremos en presencia de una elección parecida a la última que se dio: la de los alcaldes, sólo que en este caso se elige un único cargo. También, sin mayores esfuerzos, el gobierno se adjudicará la victoria.

Si mayoritariamente deciden participar, tienen el reto de presentar un único candidato y que éste sea capaz de concitar las esperanzas de la población, lo cual actualmente no es fácil, pues lo ideal sería alguien conocido pero ajeno a las luchas políticas recientes. La otra posibilidad, abandonada en Santo Domingo al no firmar el acuerdo, que dadas las circunstancias de hoy no era malo, es la de haber participado en mejores condiciones electorales (CNE paritario, supervisión internacional real, equidad de acceso a medios oficiales y privados, centros de votación en lugares originales, todas las auditorías, sorteo de los miembros de mesa, registro electoral abierto, comisión de la verdad, comisión económica y comisión de seguimiento).

En el mediano o largo plazo, dada la decisión de EEUU, de la mayoría de los países europeos, de Canadá y de varios países latinoamericanos, de no reconocer el resultado de la elección presidencial, la salida de Maduro por vías no necesariamente pacíficas parece ser el escenario más probable, aunque existe una posibilidad de que salga por acciones internas de la FAN no violentas. Pienso que ni siquiera habiendo logrado la firma del acuerdo en Santo Domingo, Maduro hubiera podido seguir siendo presidente. El caso de Siria es muy demostrativo. Bashar Al Assad ha ganado todas las elecciones, siempre con muy alta votación y grandes movilizaciones populares de aclamación, pues los sirios saben que de triunfar la oposición mercenaria aupada por Arabia Saudita, el sionismo israelí y EEUU, lo que les espera a árabes y cristianos es la muerte por parte de los sunitas, y a pesar de esta realidad la confabulación y la guerra en contra de Bashar continúan.

Un último y menos probable escenario es que Maduro permanezca, aislado pero en el poder, como Cuba en su momento, luego de la crisis de los cohetes. Empero, la situación actual es muy distinta de aquélla.

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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