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El gran fraude

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El Gran Fraude: Por José Luis Centeno S.- ¡El 28!, de diciembre. ¿Día de los inocentes? Esa es la premisa de una insolente, “vernos la cara de pendejos”, para vendernos un fraude como fundamento de la recuperación del Estado de Derecho en Venezuela, siendo ella la líder, cuando avaló por más de cinco años toda la vagabundería hecha mientras ocultaba que Chávez murió ese día. Ella sabía las consecuencias y convalidó esa gran ilegalidad, ahora viene a echarles el muerto a los demás, un gran fraude en contra del pueblo venezolano, y eso hay que castigarlo. Yo, al igual que muchos, “me niego a que me metan gato por liebre”.

Lo que no entiendo es quién asesora a Luisa Ortega Díaz de Ferrer, ella cree que con cinismo va a tapar el sol con un dedo. Su razonamiento es pueril, “como estoy diciendo la verdad, me van a perdonar”. No tenemos nada que probar, al menos yo no tengo nada que probar, a confesión de parte relevo de prueba, y ella está confesando que no sólo avaló sino que está incursa en todos los delitos cometidos después de la muerte de Chávez. ¡Delitos de lesa humanidad! Si pretende que la perdonen, eso significaría que todos en el régimen seguirán cometiendo delito al saber que los van a perdonar.

Lo que yo no dudo es que Luisa Ortega está diciendo una gran verdad, que Chávez sí murió el 28 de diciembre de 2012, está reconociendo que cometió delito, está admitiendo que en su condición de Fiscal General estaba obligada a denunciar el caso, de abrirles procedimiento a todos ellos. ¿Sí o no? Ahora quiere echarle la culpa a Diosdado, y no es mi intención quitarle responsabilidad a este último, sino resaltar que actuaron en complicidad y ahora procuran salvar responsabilidades echándose la culpa unos a otros. Tapar lo obvio con una jugada, presentándose como la salvadora, eludiendo que ella es la principal responsable del fraude.

Desde ese 28, cuando convinieron que un muerto siguiera mandando en el país, la comisión de delitos ha sido recurrente, invistiendo funcionarios, contrayendo compromisos internacionales, haciendo elecciones, dictando políticas económicas, para eso inventaron la firma electrónica, ¡dialogando!, persiguiendo y encarcelando por motivos políticos.

Todos en el alto gobierno se asociaron para cometer fraude y ella avaló ese concierto que sirvió igualmente para empeorar atropellos a María Lourdes Afiuni, Leopoldo López, Kamel Salame, Lorent Saleh, Antonio Ledezma, Joshua Holt y cientos de presos políticos, víctimas de graves violaciones de derechos humanos que se cometieron cuando ella ocultó que Chávez había muerto.

Aceptar la confesión de esta señora como una reivindicación, es revalidar que impunemente se cometa delito en la administración pública, como hicieron y hacen en la Fiscalía, CNE, alto mando militar, Defensoría del Pueblo, Contraloría, en suma, en todos los poderes públicos, porque todos estuvieron en el velorio, todos sabían que protagonizaban un fraude.

Habría que admitir también, en un eventual enjuiciamiento de Maduro, que él no era Fiscal, Juez, Magistrado, Defensor del Pueblo ni Ministro, menos carcelero ni policía; que ellos, designados en sus cargos para administrar justicia siendo garantes de la Constitución y las leyes, fueron los ejecutores de los crímenes de lesa humanidad que se le atribuyen. En esas condiciones, una acusación contra él se cae en cualquier corte. ¿Sí o no?

Gracias a esa complicidad, este pueblo está pasando hambre y necesidades, al igual que los venezolanos en el exilio, en virtud de ello, exijo al TSJ en el exterior que le abra un procedimiento, tanto a ella como a todos los que eran cadena de mando. Insto al @TSJ_Legitimo a que la procese, que la enjuicie, sin cometer errores, no puede ser que ellos convaliden lo que hizo Luisa Ortega Díaz siendo emisivos ante los graves delitos en los que está incursa, infracciones que no se pueden aislar de ese gran fraude, pues ella estaba al frente del Ministerio Público.

Insisto, no necesitamos probar nada, ella está convicta y confesa. Si no lo hacen, quedaría libre de responsabilidad una cuerda de malhechores que en complicidad con ella pretenden callar la verdad y evadir la justicia.

jolcesal@hotmail.com  –  @jolcesal

No deje de leer: Vicios de la fiscal prófuga (II)

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Carta de Lorent Saleh

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Poesía. “Quienes queremos cambiar el mundo jamás nos damos por vencidos”

Poesía. Desde niño mi sueño siempre fue ser poeta, hacerme de las letras hasta convertirme en poesía y trascender dejando la materia; y este es mi drama, mi padecimiento permanente, mi conflicto existencial, mi guerra conmigo y con mi yo más profundo que se ve frustrado e incompleto. Y es que voy fallidamente tras la poesía y ese mundo de palabras que la política intenta arrebatarme y quitarme de las manos.

Nací en una tierra hermosa donde se devaluó la vida hasta borrarse por completo el significado de la dignidad y el sentido de lo humano, se desataron los demonios de la avaricia y el resentimiento, se creció toda la intolerancia al libre pensamiento con el objetivo de imponer, con fuego y hambre, un pensamiento único en medio de la polarización de los sectores dominantes. Usan la política para hacer lo malo y joderse -queriendo y sin querer- en los más pobres… Entonces, como otros jóvenes, terminé de cabeza consagrado en aquella romántica terquedad de querer cambiar el mundo en el que vivo. Ahora estoy acá, en una celda desde hace ya algunos años y mi madre, afuera en el portón, sufre y lucha como leona por mi regreso al hogar. Pase lo que pase ella no se da por vencida y no deja de creer, pues un amor de madre la proyecta al infinito.

 

Desde la última vez que vi el cielo y presencié el atardecer hasta hoy he vivido intensamente, he vivido más que nunca, aunque algunos esperarán lo contrario. Me han golpeado en el alma y en el cuerpo y me han herido en lo profundo. Me han quitado casi todo, he perdido muchas cosas mucha veces, he querido morirme al punto de cortar mis venas y sentir descanso en cada gota derramada, también he deseado vivir y he entrado en pánico al sentir la muerte tan de cerca, he vivido la soledad como un castigo y como una bendición al mismo tiempo, me han aislado de todo tanto tiempo que me llevaron sin remedio a encontrarme con mi yo.

Me metieron en una Tumba fría un poco más de dos años y de ella salí vivo, me llevaron a la Roca Tarpeya y me metieron en una caja de concreto en un lugar llamado el Helicoide. Soy testigo de torturas de mil formas y expresiones; he visto lo más grotesco de lo humano y lo más hermoso en medio de la desgracia. Hace mucho que dejé de ver la luna pero aún hablo con ella y con ella me conecto con el resto. De obstáculo en obstáculo voy ganando las batallas aunque el cuerpo mucha veces me traicione.

Luego de 3 años y muchos meses, de La Tumba y La Roca, de golpes en el alma y en el cuerpo, de dos celdas y muchas requisas, de quedarme solo y de ver a tantos partir una y otra vez, de dos motines y el aislamiento prolongado par de veces sin piedad… Estoy, sigo vivo y vivo más que nunca, sin motivos para el odio y ligero de equipaje, con agua, un colchón y par de libros; y resultó que soy finalmente libre, casi feliz en lo que se suponía debía ser un cruel tormento. He encontrado muchas respuestas que pensé que nunca encontraría. Finalmente entendí que la libertad no se trata de poder tener sino de no necesitar y que realmente sólo pierde quien se rinde y que la clave está en perder el miedo a caerse y en levantarse una y otra vez con humildad… Que la celda es tan solo una caja y una idea es todo un universo.

Esto no es un documento ni una carta papel-dirigida, no es un artículo ni mucho menos mi opinión acerca algo; esto parte de la nada, es más como un intento errático de mirarme desnudo y flaco frente al espejo que no tengo, mi poesía frustrada que busca liberarme y que pelea con la política que me mantiene secuestrado – el síntoma de la enfermedad que padezco y controla mi mundo todo y me hace ser quien soy. El lenguaje de la mía existencia que no lograron desgraciar los empleados fieles del sistema, mi más pura y vulgar intimidad carcelaria develada en papel de contrabando, la rutina abstracta de un libertario colocado en una caja. Un pequeño fragmento [de yo] antes del partir.

No sé cuánto dure y hasta dónde llegue, pero seguiré resistiendo con amor y sin excusas.

Lorent Saleh

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