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De psiquiatras… conducta enfermiza

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De psiquiatras…: Por Luis Fuenmayor Toro.- Lo voy a colocar tal y como lo presentó en la red de Facebook su autor, a quien no identifico no porque sea un secreto, pues lo publicó con su nombre y apellido, sino porque no me interesa el autor sino revelar la existencia de un comportamiento enfermizo en una parte de los venezolanos. Como este ciudadano hay muchos en la red e incluso peores, que llegan a amenazar de muerte a quienes les discutan sus planteamientos.

“Venga la invasión fusil en mano, a dar cacería contra jefes comunistas;  y rebélense los subalternos y apunten y usen su fusil sin miramientos contra el alto mando rojo y en defensa del pueblo;  si no lo hicieran deberán ser tenidos como traidores vendidos a Cuba;  que actúan contra su propio pueblo y merecen ser pasados por las armas.  Aquí todos deben pedir la captura, juicio y fusilamiento de los jefes del régimen comunista criminal;  esa si es la salida contra el comunismo. Solo tienen dos opciones: una es la que acaban de leer para obtener la libertad; o la otra es morir como borregos y como cobardes;  que no quieren pedir en las calles la invasión armada;  hasta que se logre incluso con la muerte de los verdugos y corruptos comunistas que se opongan”.

Lo escribió refiriéndose a Nicaragua, pero lo ha escrito muchas veces refiriéndose a Venezuela. Y de la misma manera se pronuncia contra los cubanos de Fidel, Raúl y del actual Presidente; los bolivianos de Evo, a quienes considera consumidores permanentes de cocaína desde que nacen;  a los argentinos de Cristina y los Brasileños de Lula y Dilma. Extiende esta postura de erradicación total y limpieza, al estilo nazi o israelí en Gaza, a los chinos y a los rusos de hoy;  por su historia y por sus relaciones comerciales con los chavecos;  a los iraníes, a los sirios que están del lado de Bashar al Assad, es decir la mayoría. Es gente que opina que López Obrador es un discípulo directo y favorito del Che Guevara, al que hay que matar;  y que el colombiano Petro era más cercano a Chávez que Rafael Ramírez;  por lo que debía perder y deberían, por lo menos, meterlo preso en Colombia. Son seres que ven en Trump a un vacilante;  que le da la mano a Putin y que no acaba de invadirnos para sacarnos de la actual pesadilla.

He discutido con este rey del teclado de la red en varias ocasiones y, curiosamente;  en las discusiones tenidas no puedo decir que se haya comportado groseramente conmigo;  nunca me ha ofendido ni amenazado, más allá de ser muy crudo en sus posiciones. Pero lo presento, porque significa que una parte de los opositores está enferma de odio;  y cree que la solución pasa por la desaparición del chavecismo del escenario político venezolano. En esto coinciden con algunos de los más radicales líderes opositores;  aunque los dirigentes se cuidan más en decir exactamente lo que piensa que quienes no lo son. Consideran al narco ex presidente Uribe;  hombre con las manos manchadas de sangre de muchos colombianos;  como el adalid de las luchas por la democracia y la libertad de los pueblos de América Latina.

Contagiados de esta enfermedad que he descrito está un 10 por ciento de la población, según me manifestó un alto dirigente del Gobierno, quien también señaló que de su lado los enfermos alcanzaban a ser un 4 por ciento. Esto significa que un 14 por ciento de los venezolanos están enfermos de odio. Es una cifra extremadamente grande.

Esta gente no razona ni piensa, no se puede hablar con ellos, el odio les sale por los poros;  y aplauden el peor de los tratos para con los adversarios, que realmente son enemigos a muerte junto con sus familiares.

¡Cuidado! Y nos contagiamos y embarcamos en una lucha fratricida de la que ninguno saldrá ganando y mucho menos Venezuela.

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La doctorcita guerrera

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La doctorcita guerrera: Por Alejandrina Salas.- Con ocasión de cumplirse este 15 de enero un año de la muerte de Lisbeth Ramírez, en la denominada Masacre del Junquito, su familia nos hizo llegar un relato sobre su vida, que reproducimos a continuación en tributo a su memoria:

En la ciudad de San Cristóbal, en la Cruz Roja del estado Táchira en 1988, nace Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, la menor de 5 hermanos, al nacer pesó 2,400 Kg. Durante su infancia fue una niña muy cariñosa, tranquila y ordenada, además muy inteligente, al crecer comienza su inquietud de ayudar, así no supiera ayudaba mucho a mi papá en quehaceres comunes de hombres, como a los 11 años lo ayudaba a cambiar el techo de la casa, con arreglos de electricidad y hasta en labores de construcción, para ella no había nada imposible, aprendió también a utilizar una vieja máquina de coser que mi mamá conserva aún, tenía muchas amistades pero sus mejores amigas eran Yusmery, Graciela y Geraldín.

Estudio la primaria en una escuela cercana a la casa materna en la que se crió, en un sector popular de San Cristóbal, el barrio San Sebastián, en la escuela Menca de Leoni, la secundaria también la estudia cerca, en el liceo Antonio Rómulo Costa, desde niña fue muy humilde y tranquila, para ella las cosas materiales siempre estaban de segundo plano, no era su prioridad, desde muy pequeña la ropa que no le quedaba la regalaba a quien la necesitaba, tenía algo muy bonito, todo lo reciclaba, a veces le decíamos que parecía una viejita guardando todo lo que los demás querían botar, ella decía: ¡Déjemelos ahí que algún día los voy a necesitar, no me boten nada! Y cuando menos pensábamos hacia bolsos con pantalones viejos o adornos para el baño, pintaba las piedras, todo lo quería hacer, lo que no sabía se lo inventaba, como nos reíamos.

Tenía un gato y dos perritos, el gato era especial para ella, se llamaba Firifiri, era siamés, era muy raro ese gato, la quería tanto que la celaba de todo el mundo y cuando no lo acariciaba la aruñaba, cuando Firifiri murió, ella lloró mucho. No le gustaba mucho salir a discotecas, le gustaba más compartir con la familia, su pariente favorito era “mi tío Martín”, así le decía. A pocos meses de graduarse de bachiller comienza a trabajar a las afueras del CICPC, alquilando teléfonos. Allí conoce a su único y gran amor, Jairo Lugo Ramos. Nunca le conocimos otro novio o enamorado. Jairo, un muchacho maracucho de nacimiento y estudiante de la Guardia Nacional de la escuela de Michelena, donde también estudiaba su hermano Abrahán Lugo Ramos.

Cuando sale del liceo ingresa a estudiar enfermería en el IUGC aquí en San Cristóbal, tenía mucha devoción por su carrera y la ponía en práctica siempre ayudando a los vecinos en urgencias de salud, muchos le decían la DOCTORCITA. Cuando se gradúa de enfermera se va a estudiar odontología en Maracaibo, donde vivía con la familia Lugo Ramos, de buenos valores, humildes y cristianos. Junto a ellos se acentúa más su inclinación de ayudar a las personas más necesitadas, cuando iba a visitar a mi mamá en vacaciones de la universidad o cuando podía, mientras no tuviera exámenes, le pedía a los vecinos y amigos ropa, juguetes y comida para llevarle a los niños de la Guajira, y en Navidad, junto a la familia y la iglesia a la que acudía, les llevaba una sonrisa a los niños.

Siempre tenía en su pensamiento a mis padres, los adoraba, cada vez que venía le demostraba cuanto los amaba, les decía: ¡mamá déjeme acostarme con ustedes en la cama como cuando era chiquita! Como era muy estudiosa lo aplicaba con sus sobrinos, ellos le huían porque los hacia llorar, cada vez que venía les revisaba los cuadernos y se los ponía al día, le gustaban muchos los niños y aunque no tuvo uno propio siempre pensaba en casarse con Jairo, tenían años comprado los anillos de matrimonio y decía que apenas terminara de estudiar si se iba a dedicar a tener su familia. Tenía un resabio, cuando salía de casa siempre se le olvidaba algo y se regresaba como cinco veces jajaja.

Su equipo favorito de béisbol era las águilas del Zulia, le gustaba escuchar mucha música pero su favorita era la música de Marcela Gandara, la colocaba mientras hacía oficios de casa, en estos últimos años siempre hablaba de cómo se estaba deteriorando las cosas en el país, el transporte, la falta de medicinas, de alimentos, allá en Maracaibo es más difícil conseguir todo siempre lo decía. En el 2017 ella se entera que nuestra hermana Shirley, una de las mayores es diagnosticada de cáncer de seno, eso fue muy fuerte para ella, siempre le ayudaba a buscar las medicinas y estaba pendiente de ella, en octubre de ese es operada y estuvo aquí en San Cristóbal ayudándola.

Fue cuando más hablaba de Venezuela, que le tocaba más fuerte la universidad porque llegaba tarde a algunas materias por la falta de transporte, explicaba que le tocaba caminar mucho para llegar y luego para regresar, que seguiría luchando hasta el final, que no quería irse de su país, pero si le tocaba quería terminar su carrera. El 23 de diciembre de 2017 llega al Táchira a pasar navidad con la familia, disfruto mucho, más de lo normal, sin saber que sería su última navidad aquí en la tierra.

De su embarazo no tenemos certeza, ella desde meses anteriores, como en julio, nos enteramos que no se cuidaba, pensábamos como familia que en cualquier momento saldría embarazada, si la vimos extraña en diciembre, más gordita, era muy delgada, pero dijo que era por el estrés del estudio. En diciembre tenía más barriguita, pero como ella era muy alta, pues si estaba embarazada no se le notaba. Nunca nos dijo si lo estaba. Le preguntábamos y lo que hacía era reírse y se escondía. Nosotros pensamos que sí lo estaba porque estaba diferente y el hermano de Jairo le dijo que ella si lo estaba, claro nos enteramos luego de su muerte.

Alejandrina Salas

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