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Charito Rojas: #YoSíVoto

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Charito Rojas: La opción racional para mantener la Alcaldía de Valencia en manos opositoras, el Alcalde en ejercicio Miguel Cocchiola. Foto cortesía de @caraotadigital
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“El arma más potente en manos del opresor es la mente del oprimido”. Stephen Biko (1946- 1977), activista sudafricano antiapartheid, asesinado por torturas en las cárceles del gobierno.

Comenzó diciembre y muchos venezolanos no se han dado cuenta que ya es navidad. Otros ni siquiera se han enterado que hay elección de alcaldes este domingo. La batalla diaria por la supervivencia devora cualquier distracción, por grata o importante que ella sea. Ya nadie piensa en los estrenos, en la compra de regalos, en el musgo del nacimiento, en los adornos del arbolito o en el amigo secreto. Todo eso se lo llevo una revolución sin Dios y sin piedad. Venezuela ha perdido en 18 años su riqueza económica y su capital humano, que hoy emigra con gran sufrimiento.

Duramente golpeados por las miles de circunstancias adversas, políticas, económicas y sobre todo de supervivencia, una buena parte de los ciudadanos han optado por no participar en el único acto donde manifiestan su voluntad: el voto. La abstención, el confuso mensaje de los líderes, unidos al grosero ventajismo oficial, por demás infractor de las leyes electorales, el parcializado descaro de las rectoras del CNE y la intervención de una ilegítima ANC, han tergiversado la verdadera tendencia de las mayorías, que sin duda es el deseo de sustituir  este régimen por un gobierno democrático, que respete a los ciudadanos y a la constitución, que combata la exclusión y el divisionismo que corroe a esta sociedad.

El 15 de octubre las elecciones regionales tuvieron resultados diferentes a los esperados, por todas las razones anteriores, pero en lugar de reconocerse el error de la abstención, de corregir la dirección política, la oposición se devoró sus hígados, perdiendo el norte de su lucha, volcándose hacia la autodestrucción que terminó implosionando a la MUD, que no ha vuelto desde entones a recuperar su ascendencia y ha quedado seriamente lesionada como interlocutora ante los organismos internacionales donde realizaron una muy exitosa labor que condujo a la condena del régimen desde gobiernos y organizaciones .

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Por supuesto que el inmerecido triunfo rojo en las gobernaciones, trajo aún más rabia y desanimo en los opositores, momento ideal para que el gobierno adelantara las elecciones de alcaldes. Sin entender que sólo la unión monolítica de propósitos le ha dado fuerza y triunfos a la oposición, los partidos, peleados entre sí como perros y gatos, se decantaron por inscribir cada uno sus candidatos más los independientes, creyendo que llegó su momento.

Todo un ramillete de candidatos adornan una boleta electoral que se anuncia viuda de votos. Porfiados en sus ambiciones, los candidatos no entienden aún que esto no es una democracia de libre participación sino una batalla contra un monstruo que requiere un ejército de demócratas unido en su contra. Los ofrecimientos estrambóticos, la ignorancia de sus capacidades o el intento de engañar al electorado con promesas incumplibles, hubiera sido en otra época un espectáculo de risas en la Radio Rochela. Pero en esta Venezuela adolorida de hoy, es imperdonable que haya ciudadanos que así sea de buena fe, se lancen a una carrera electoral arriesgando la pérdida de territorios actualmente ganados.

Y me referiré a la Gran Valencia, 5 municipios con el mismo escenario: un candidato joven y desconocido, escogido por el gobernador Rafael Lacava, que ahora todopoderoso gracias a su sorpresivo triunfo electoral, hace un copy de su campaña para apoderarse de todos los municipios de la capital carabobeña, la tercera ciudad de Venezuela. Tres de los cinco municipios están en manos opositoras: San Diego, Valencia y Naguanagua. Dos con el chavismo: Libertador y Los Guayos.

San Diego, el municipio más opositor de Venezuela, difícilmente escape de la influencia Scarano, el líder de la oposición carabobeña, inhabilitado por el gobierno justamente por serlo. León Jurado Laurentin, director de la Alcaldía, deberá ser el próximo alcalde. Naguanagua, pese a los tres candidatos opositores, debería mantenerse en manos opositoras porque hay una clara tendencia hacia el candidato Pancho Pérez Lugo. El municipio Valencia es el más complicado, con la parroquia San José como la más abstencionista de Carabobo (50% en las regionales) y con las parroquias más populosas con un voto incierto, donde la oposición triunfó en las parlamentarias pero el chavismo en las regionales.

Perder Valencia sería imperdonable, siendo una ciudad donde tradicionalmente gana la oposición… a menos que vaya dividida , como se demostró en el 2008, cuando el chavista Edgardo Parra gano la alcaldía porque habías dos candidaturas opositoras más, inscritas no para ganarle a Parra sino para que el empresario Miguel Cocchiola perdiera. Años después, este empresario ganó con una abrumadora votación. Recién llegado, quiso enfrentar como gerente situaciones políticas tan delicadas como la crisis presupuestaria que conlleva el gobierno de Maduro, la carga laboral heredada de Parra y las protestas sangrientas del 2014. Su defensa del patrimonio de la ciudad no se identificó con la indignación de los manifestantes que destruían bienes municipales como acto de protesta. Sus impolíticos primeros años apenas se enderezaron  después, cuando los programas sociales y culturales de la alcaldía comenzaron a desarrollarse con fuerza. Logró montar un equipo, con muchos enemigos sí, pero ya parece haberle tomado el pulso a la alcaldía y aspira a tiempo y oportunidad para demostrarlo. Es el alcalde en ejercicio, es sin duda alguna opositor, sus deficiencias políticas las ha cubierto con su bonhomía. Debe ser la alternativa más segura para que Valencia no se vista de rojo.

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Por otra parte está Carlos Lozano, electo diputado por las parroquias del sur de Valencia, por su sostenida acción de caminante en los barrios. Quiere dejar la curul y ser alcalde, quiere ganar las elecciones con el voto de los descontentos con Cocchiola, contra quien ha desarrollado ferozmente su campaña electoral, causando estragos en el “animus votandi” de los muchos abstencionistas que ven con decepción esta pelea a cuchillo del candidato. Tiene el pulso social, pero le falta temperancia y evidentemente es inoportuno para la victoria de la oposición. Ha presentado una encuesta de la firma Datanálisis que lo ubica como ganador, pero no hay que olvidar que esa misma firma dio como seguro ganador a Alejandro Feo La Cruz con “por lo menos” 10 puntos de ventaja sobre Rafael Lacava. Y ya sabemos los resultados.

En todo caso,  las encuestas no son indicador seguro (Cocchiola también muestra las suyas que lo dan de cómodo ganador) en este escenario de abstención, donde el votante inteligente lo hará pensando, no en las virtudes que adornan a los candidatos, sino en la economía del voto ganador con la opción racionalmente más segura. Se requiere de generosidad, comprensión de que no es su momento, para retirarse aún cuando se piense que va a ganar. Todos perderemos y también quien, si actúa nobleza, tiene la alcaldía de Valencia abonada a futuro.

Votar es acción indispensable.  Ojalá los venezolanos asuman la responsabilidad de votar, hacerlo con criterio unitario, defender ese voto y darnos a todos ese regalo de navidad. #YoSíVoto.

@charitorojasp

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Corker y el Grupo de Bostón

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Colombia y Venezuela - acn
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Corker y el Grupo de Boston: Por Leopoldo Puchi.- La iniciativa del Grupo de Boston de invitar al país al senador estadounidense Bob Corker toma particular relevancia en las circunstancias actuales en la que se han escalado las tensiones internas como consecuencia de la muerte del concejal Fernando Albán. Tal como ha sido señalado por distintos observadores de la situación venezolana, esta iniciativa  es la acción más juiciosa realizada desde hace mucho tiempo.

El Grupo de Boston ha sido durante años un punto de encuentro entre parlamentarios venezolanos de Gobierno y oposición y entre las dos naciones. Recientemente jugó un rol muy importante en la excarcelación de Joshua Holt. Le correspondió a  Pedro Díaz Blum, Rafael Lacava y Caleb Mc Carry, del GB, adelantar las diligencias y establecer los enlaces necesarios entre el presidente Nicolás Maduro y el senador Corker.

El grupo ha funcionado, con mayor o menor intensidad según las circunstancias, desde que se creó la Asamblea Nacional. Está compuesto de manera paritaria por partidarios del Gobierno y de la oposición. En 2002, en medio del torbellino generado por el golpe del 11 de abril, sesionó en Washington y en Boston. Sin embargo, no es una instancia de negociación, mediación o arbitraje, lo que corresponde a las partes y delegaciones con mandatos expresos, sino que ha utilizado siempre el mecanismo de las mesas de ideas que no implican o concluyen en convenios.

El rango de controversias existente es muy amplio. Las tensiones entre Washington y Caracas comenzaron hace mucho tiempo atrás, en un contexto distinto al de los actuales problemas de hiperinflación. Son tensiones que derivan  de la separación de Venezuela de su tradicional “zona de influencia” y obedecen a razones geopolíticas. A ello se le añade la lucha política interna por el poder, en la que el gobierno estadounidense ha tomado partido por la oposición.

Y todo este conjunto de disputas se ha complicado en la medida en que la institucionalidad se ha deteriorado, se ha recurrido  a la violencia de parte y parte, y las condiciones de vida de la población se han gravemente deteriorado por la ineficiencia de las políticas económicas del Gobierno, así como por las sanciones y sus efectos nocivos.

También hay que señalar que las posiciones de Estados Unidos no son uniformes y que hay diversidad de corrientes con puntos de vista diferentes o contradictorios en relación a Venezuela. La iniciativa de hace pocas semanas del Departamento de Estado, conducido por Mike Pompeo, de enviar una delegación oficial de alto nivel para sostener reuniones en Venezuela fue suspendida en el último momento, seguramente producto de esas contradicciones. Al mismo tiempo, otras dependencias adoptan sus propias medidas radicales, que cierran puertas para posibles entendimientos.

Es en medio de todas las complejidades señaladas que el Grupo de Boston realiza sus actividades, desde una perspectiva que conjuga diversidad de criterios, optimismo y realismo.

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