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Carta abierta a Henri Falcón

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Carta abierta a Henri Falcón: Por Luis Fuenmayor Toro.- Estimado candidato,  He decidido hacer públicas estas reflexiones y peticiones, pues pienso que las mismas ayudarán a muchos a decidir, en relación con las elecciones próximas, y en su caso a revisar y hacer óptimo su programa de gobierno.

(1) La decisión tomada por los partidos que lo acompañan, de participar como candidato en los comicios presidenciales de mayo, pese a enfrentar grandes ventajismos y actitudes fraudulentas del gobierno, nos parece una medida política adecuada y además valiente, dada la magnitud de la campaña de la jauría nacional e internacional en función de la abstención. La forma más loable de defender los derechos ciudadanos es su ejercicio indeclinable, en las condiciones que sea. Dejarlos de ejercer significa, aunque no guste, aceptar la derrota y huir o, mucho peor, abogar por una agenda distinta a la paz y la soberanía. Y aquí no vale escudarse en las violaciones de éstas cometidas por el régimen, en relación con la entrega de las riquezas del Orinoco a empresas extranjeras, ni con la de ceder la gestión de servicios vitales para la seguridad del Estado al gobierno cubano. Quienes intentan construir otra Venezuela no pueden basar sus conductas en las actitudes anti nacionales del presente.

(2) La necesidad de participar se hace entonces más imperativa, para yugular lo antes posible cualquier intento que nos quiera colocar en la senda de la agresión militar extranjera, que se presenta arteramente como la apertura del canal humanitario, el cual hemos visto cómo acaba de funcionar en el caso de Siria. Muy lejos hemos estado y estaremos de este tipo de “soluciones”, cuya violencia sólo añadirá más sufrimientos a nuestra gente, más destrucción que enfrentar y dejará a la nación en condiciones más disminuidas que las actuales y con riesgo de desaparecer. Ya con estas dos consideraciones, que hay que reafirmar en el imaginario colectivo, nadie debería tener dudas de la obligación patriótica de participar en las elecciones venideras.

(3) Adicionalmente, su candidatura y  las candidaturas de otros partidos y grupos opositores, están llevando a su fin la hegemonía de la Mesa de la Unidad Democrática, que fue construida en todos estos 19 años de gestión pseudorrevolucionaria en consenso con el gobierno, y que ha impedido que grupos distintos de los polarizados pudieran participar en forma equitativa en las luchas políticas y electorales venezolanas. Sin duda, ha sido una demostración más que evidente del sectarismo excluyente de la MUD y del PSUV. Pluralizar el escenario político es una meta deseable para cualquier sistema verdaderamente democrático. Hemos luchado por el rescate de la representación proporcional electoral, establecida en el artículo 63 y varios otros de la Constitución de la República, y que fue abolida por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, para convertirla en el instrumento legal de la polarización. Esperamos que usted haga de este propósito parte importante de su programa de gobierno y de su campaña electoral, lo cual debería ser complementado con el impulso de la no reelección y el financiamiento oficial de las campañas electorales.

(4) Considero a su candidatura como la mejor posicionada de todas las presentadas por la nueva oposición, sin detenerme a analizar ni mucho menos descalificar a ninguna de las inscritas. Ninguna ha caído en el absurdo chantaje de que participar es legitimar al régimen gobernante. Según esta peregrina idea, que los medios nacionales e internacionales han tratado de establecer como matriz de opinión, cuando se defiende a un preso político en tribunales venezolanos, se estaría legitimando a un Poder Judicial ilegal, ignorante, corrompido y al servicio del Ejecutivo, cuyas sentencias ya deberíamos conocer de ante mano, como se dice ya se saben las del CNE en las elecciones venideras. De acuerdo con esta lógica perversa, lo pertinente sería no defender a nadie en los tribunales y permitir que los jueces decidan, contra los injustamente acusados, sin ninguna limitación, y a estos dejarlos pudrir en las mazmorras del SEBIN o morir en cualquier cárcel venezolana.

(5) Siguiendo esta lógica del absurdo y de la manipulación, no deberíamos efectuar denuncias ante la Fiscalía General, ni exigir que la Defensoría del Pueblo cumpla con sus funciones, ni tampoco requerir del indolente y negligente Ministerio de Salud que asuma sus responsabilidades, pues el sólo hecho de dirigirnos a ellos ya nos hace reconocerlos y por lo tanto legitimarlos. Pareciera que las protestas y las quejas no tendremos dónde llevarlas, pues hacerlo ante ministros ilegítimos de un gobierno ilegítimo significaría casi un delito de lesa patria. Tendríamos que abandonar el país, irnos fuera, viajar a la Luna o a Marte, para que nuestra permanencia en aquí no sea tomada como una legitimación del gobierno de Maduro y de la Asamblea Nacional Constituyente. Es abrumador darse cuenta como las ideas y razonamientos más extraños, productos de laboratorios de la manipulación, se hacen presentes y se extienden en las poblaciones, afectando incluso a gente preparada y con cierto nivel intelectual.

(6) Por último, le he leído algunas referencias al rentismo petrolero, razón por la que pienso que su campaña y programa de gobierno deberían incorporar medidas claras, que nos lleven a realmente a superarlo y a no quedarnos en la denuncia, como le ha ocurrido a todos los gobiernos desde 1959. Venezuela debe usar su petróleo para desarrollar su industria petrolera aguas abajo y aguas arriba y de allí al desarrollo industrial total. Iniciar el desarrollo petroquímico y de producción de químicos orgánicos desde el inicio, destinando a esta tarea una proporción creciente del crudo producido, hasta alcanzar índices internacionales, es lo conducente para sustituir el rentismo y no caer en demagogia como hasta ahora ha sido.

No me queda sino agradecer su atención, despedirme cordialmente con esta carta abierta y desearle el mayor éxito posible. Atentamente, Luis Fuenmayor Toro.

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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