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Canibalismo salvaje en su máxima expresión

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Relaciones diplomáticas - acn
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Canibalismo salvaje en su máxima expresión: Por María Auxiliadora Dubuc P.-Hiperinflación en Venezuela/Nadie nunca se imaginó que Venezuela, un país rico y próspero llegara hasta donde hemos llegado en términos de inseguridad y problemas en la prestación de los servicios básicos: Con una hiperinflación que nos agobia a todos y que merma la calidad de vida de los ciudadanos, aun sobrevivimos a esta debacle en la que nos encontramos sumergidos.

Muchas veces me he referido, al ingenio, la bondad y el valor del pueblo venezolano, ante las adversidades, la valentía al no doblegar su voluntad ante una necesidad generada por los enemigos del país. Sin embargo, la tristeza me embarga hoy, porque más allá del debate que si la causa de la crisis es la guerra económica, gestada por la derecha o si se trata de las nefastas políticas del gobierno en materia económica, lo que más sorprende es la actitud del venezolano frente a la situación.

Lo que estamos viviendo escapa a todo pronóstico, en un país que lo ha perdido todo, y cuando me refiero a TODO incluyo  la moral, principios y buenas costumbres, a la compasión, a la solidaridad y la empatía. Entiendo que muchos venezolanos conocen lo que es bueno, porque tuvimos épocas en la que pudimos disfrutar de eso, un buen queso holandés, unas vacaciones en el imperio, en algún resort todo incluido, el “ta barato”, lo que ocurre es que hoy en día todo cambio, por lo que al venezolano le ha tocado sacrificar las idas a restaurantes, moverse en taxi o comer carne o pescado todos los días, todo lo cual produce una angustia existencial, porque lamentablemente se perdió aquello que nos hacia especiales y diferentes ante el mundo: el consumo de suntuarios.

Hoy en día ni lo básico está al alcance, el ingreso es insuficiente para comprar los alimentos de la dieta básica y entonces una gran mayoría de los venezolanos  pasamos los días en los supermercados y abastos haciendo largas colas a ver si ocurre el milagro de conseguir alimentos a precio regulado. Esta ansiedad de no saber qué hacer se exacerba cuando se piensa en el futuro, ahorrar o invertir son conceptos que se quedaron muy atrás en el pasado, de modo que así, llenos de incertidumbre acudimos al endeudamiento como única opción para palear la inflación.

Esta situación de río revuelto ha abierto las agallas a muchos, y ha estimulado lo que llamamos la “viveza criolla”, de manera que muchos han echado mano al abuso, con el manejo de la manipulación, y aunque usted no lo crea, hoy en día están haciéndose de grandes fortunas a costa de la desgracia ajena. Es así como nos resulta imposible entender como al compás del ajuste del dólar negro, existen comerciantes que ajustan igualmente los precios de los artículos en el supermercado o tiendas con la excusa del llamado valor de reposición; productos que se producen en el país, como verduras, legumbres, leche, café, estos ahora  cuya adquisición resulta un verdadero lujo.

Eso, sin mencionar la tragedia de la salud, antes existían los médicos de cabecera, aquellos cuya  voluntad y capacidad de servicio, por vocación atendían al paciente con cariño y abnegación, de manera personalizada, se trasladaban a casa a examinar al enfermo, aun cuando la paga fuera poco, solo por vocación. Atrás quedaron aquellos médicos a los que se les consultaba un dolor de cabeza y no te referían al especialista, sin antes evaluarte e indicarte algún medicamento que aliviara tu dolor, digamos que no me refiero que los médicos no merezcan un sueldo digno, pero el abuso en el negocio de las clínicas privadas y su dolarización está costando un precio muy alto: vidas humanas.

Y así llegamos igualmente a un tema particularmente doloroso por lo sensible: el tema educativo. En Venezuela, donde otrora la clase media siempre hizo grandes esfuerzos con la intención de darle a sus hijos una educación de calidad,  padres y representantes se esforzaban en trabajar para producir suficiente como para costear las mensualidades de un colegio privado, así, en medio de grandes sacrificios personales lograban sus objetivos en pos de una mejor educación para sus hijos.

La educación privada se ha convertido en un negocio, por demás lucrativo en el país. Los ajustes que se han hecho a las matriculas son en moneda dura, el dólar, de este modo todos los colegios privados constriñen a padres y representantes, obligándolos a costear matriculas que van de 50 a 100 dólares, sin ningún complejo, y sin pestañear, con la excusa de los ajustes salariales  a personal docente, administrativo y obrero además de los arreglos anuales que deben hacerse en  los planteles, bajo la amenaza que si no pagan la cuota en dólares, además de la inscripción,  no podrán inscribir a sus hijos y en última instancia el colegio cerrara sus puertas.

El incremento es tan brutal que no soporta ningún análisis financiero o económico, sin mencionar que todo se hace a espaldas de las autoridades, toda vez que no reposa en los gastos de inscripción, no hay recibo de eso,  se trata de cuotas extras que deben ser canceladas en efectivo a los efectos de no dejar rastro, ni evidencia física del pago en cuestión.

Establece la norma que los directivos de cada colegio deben presentar una propuesta económica ante una Asamblea de padres y representes antes de cambiar el precio de la inscripción o de la mensualidad, de acuerdo con lo establecido por el Ministerio de Educación, eso sí han obtenido ganancias, sino no necesitan aprobación alguna. Por eso muchos colegios privados, presentan  estructuras de costos falsas para cobrar demás a los padres. Los  representantes del Ministerio brillan por su ausencia en las Asambleas, a los efectos de  comprobar el quórum y la veracidad de las propuestas, de tal modo que no existe supervisión.

Luego, los padres, tras la realización de estas Asambleas al margen de la norma,  que no pueden pagar por la educación privada se ven en la necesidad de cambiar a sus hijos a las instituciones públicas “aunque no quieran”. La realidad: nadie se pone una mano en el corazón, y  tomando en cuenta que los ajustes más brutales provienen de colegios católicos me resulta aun más grave además de la tristeza que conlleva el entender que a nadie le importa la angustia ni el sacrificio del prójimo, ese que quizás pertenece a la comunidad escolar hace años y que con dolor debe retirarse porque la plata no le da, la verdad  lo descorazonador de la situación, es definitiva darse cuenta que el problema del país es su gente.

Entiendo lo que significa tener y hacer negocios, un negocio debe tener ganancias sino deja de serlo, y que además el mismo debe resultar lucrativo, pero debemos entender todos que nuestra Venezuela cambio, que ya no somos el país rico que éramos, que estamos en crisis por lo que todos debemos cambiar de actitud, si en realidad de corazón, queremos transformar la sociedad, entonces, no se trata solo del régimen que tiene una cuota de responsabilidad bien alta en todo esto, que no impone normas ni establece controles, se trata de nosotros mismos, a lo interno.

Lo que no puede ser y me resulta insólito admitir es que las ganancias de comerciantes, empresarios, en todos los ámbitos, sobre todo en áreas como la salud y la educación que resultan áreas tan sensibles para la población, sean incapaces de ponerse una mano en el corazón y hacer sacrificios, en el orden de no ganar el 200 por ciento en cada producto o por cada servicio como en otrora, la ganancia debe ser razonable, de acuerdo a la situación que padecemos.

La responsabilidad en la transformación de este país, es de todos y cada uno de los venezolanos que debemos entender que llegó la hora de armarnos de valor  exigir nuestros derechos con contundencia, derechos constitucionales a la educación, a la salud, a la alimentación y a la seguridad en todos los ámbitos.

Un país es el reflejo en mucho de su gente y de su calidad humana, un país se construye entre todos los ciudadanos que lo habitan. Si los venezolanos no tenemos sentido de pertenencia, no somos capaces de levantar la voz de alerta, sino que por el contrario actuamos como focas, trátese de quien se trate, si la salida es extorsionarnos, engañarnos y manipularnos entre nosotros mismos, y nos alimentamos de la miseria del prójimo, si en realidad no somos capaces de denunciar a quienes intentan chantajearnos con el argumento que el servicio no se puede prestar si no das la mordida, y si empresarios y negociantes, no se unen en una sola voz para intentar palear la hiperinflación, sino que más bien la alimentan, señores nos estamos comiendo entre nosotros mismos, de modo que la falta de consideración, de respeto, de empatía entre los mismos venezolanos, nos conduce por un solo camino: el canibalismo salvaje.

Definitivamente la grandeza de un pueblo se demuestra en las situaciones difíciles, la actitud que asumamos frente a la crisis, determinará en mucho, nuestro futuro inmediato, todo lo cual depende de cada uno de nosotros, nos han puesto difícil el camino a recorrer, nadie lo niega, porque eso sería intentar tapar el sol con un dedo,  pero será sin duda, más difícil transitarlo sin una dosis de esperanza, y la voluntad cierta de mejorar la situación efectivamente.

Tenemos en nosotros mismos el poder de acabar con esta pesadilla, aun cuando parezca romántico, temo que no me equivoco, todo se centra en un esfuerzo personal e intentar transformar la frustración en acción, fortalecer las bases de nuestras familias para aguantar entre todos lo que falta de la tormenta. Para ello debemos aprender a conocernos bien unos a otros, de que estamos hechos, y quienes en realidad son los causantes de la crisis, y se disfrazan, quien son los verdaderos  actores y sus acciones a los efectos de poder sortearla de manera exitosa.

La importancia del aporte de cada uno en el orden que debemos mantener un comportamiento que facilite el encuentro, la confianza, la solidaridad, la cooperación, dejando de lado individualismo e intereses personales, a los efectos de rescatar nuestra dignidad como personas y en nuestro entorno. El rescate de los valores fundamentales está ahora en nuestras manos, entonces el llamado de atención es a todos y cada uno de los venezolanos, a no quejarnos y accionar más, no se trata de marchar o de hablar de la boca para afuera o de echarle la culpa a otro, debemos reflexionar a lo interno, se Impone actuar con coherencia porque de otro modo, el país se nos escapará de entre las manos irremediablemente.

María Auxiliadora Dubuc P. – @mauxi1

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Champán Oro

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Champán Oro: Por Josué D. Fernández.- Una señal del final que se acerca para cualquier cosa, es la comprobación de la ruptura gradual de la secuencia que traían, con aceleración acentuada, descubriendo a su vez el tesoro que se mantuvo oculto en principio.  A veces trágico, pruebas del aparente desenlace de  la calamidad que padece Venezuela encerraría la explotación a muerte, epidemias, violencia y represión militar en el llamado “Arco Minero del Orinoco”, en pos de riquezas al sur del estado Bolívar, tras décadas de tira y encoge con mineras canadienses, rusas y chinas, y añadidos de apetitosos yacimientos de coltán en esas trochas de exterminios. Lo demuestran igualmente los viajes sin regreso conocido de los lingotes de oro de las reservas del Banco Central,  y la fiebre generalizada de compra-venta de morocotas y prendas atesoradas debajo de colchones, e imposibles de exhibir ahora en las calles, por riesgos de perder la vida en asaltos armados a la vuelta de la esquina.

Los momentos culminantes del Arco Minero del Orinoco, en lo que va de 2018, registran en febrero pasado los asesinatos de 17 hombres y una mujer, durante un operativo atribuido al Ejército Nacional en la mina Cicapra de Guasipati, en el municipio Roscio del estado Bolívar. La prensa reportó el hecho como acción de la quincuagésima primera (51) Brigada de Infantería de Selva. El diputado Américo De Grazia, ha llevado cuenta de las sucesivas irregularidades en el lugar, las que también incluyen violaciones sexuales, deforestaciones a diestra y siniestra, e invasión de territorios  pertenecientes a los indígenas de la zona.

Un capítulo sangriento, adicional,  incluiría réplicas de lo que ocurre en República Democrática del Congo, donde la esclavitud, miseria y muerte de millones de personas, se asociaría a la explotación del “Coltán”, llamado asimismo el “oro azul”. Estudios del Ministerio del Poder Popular para las Industrias Básicas y Minería establecieron en 2010, que las riquezas venezolanas del tal “oro azul” estarían en el orden de los cien mil millones de dólares. Se trata de un compuesto de colombita y tantalita, de color negro o marrón muy oscuro, que se utiliza en microelectrónica, telecomunicaciones y en la industria aeroespacial. El periodista, escritor e inventor nacido en Santa Cruz de Tenerife, Alberto Vázquez-Figueroa, autor del libro “Coltán” publicado en 2010, afirma que “si el siglo XX ha sido el del petróleo, el siglo XXI es el del coltán. Quien posea el coltán dominará el mundo”.

Para refrescar la tarde, antes de que llegue el temido final advertido al principio, mejor es una pausa para escuchar “La Última Copa”, composición de J.A. Caruso e I. Canaro,  con el puertorriqueño Andy Montañez, y el grupo “Bellavista”, en versión en vivo del 2014.

Se escucha decir que de la última copa de champán, ni del oro,  tampoco quedaría nada para el final inevitable en el Banco Central de Venezuela (BCV), de donde se esfumó junto a los lingotes de las reservas, sacados al exterior con destinos de ida y vuelta desconocidos con exactitud, bajo la  mordaza del régimen a la prensa libre. No obstante, Javier Ignacio Mayorca, periodista y miembro del Observatorio Venezolano del Crimen Organizado, reveló en marzo de este año que del país salieron dos toneladas cien (2,1) de oro guardado en el BCV hacia Emiratos Árabes Unidos, dentro de cincuenta y siete (57) cajas, enviadas en un Airbus A6-RRJ desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

De otro lado, para Marzo de 2017, según la agencia “Reuters”, el oro que mantendría BCV en sus reservas internacionales se redujo en 14 por ciento en valor al cierre de 2017, de acuerdo con los estados financieros que difundió la propia entidad. El informe mostró una reducción de dieciséis (16) por ciento del volumen que posee en reserva, al pasar de unos seis (6) millones de onzas troy en 2016 a cinco millones doscientos (5,2) de onzas troy al finalizar 2017. En el período completo la cantidad de oro disminuyó treinta y un (31) por ciento. El BCV comenzó en 2014 a realizar canjes de su oro monetario para obtener liquidez con la que hacer frente a la aguda crisis económica, y ya habría dejado vencer al menos uno de esos contratos, según denunció un diputado opositor. Autoridades del BCV impulsan la tarea de invertir más en oro que extraen productores locales y para entonces tendrían adquiridas unas cuatro toneladas y media (4,5) de oro y diamantes en el país. La cifra representó casi la mitad del metal precioso que compró el instituto para todo el lapso. El gran misterio es saber a qué bolsillos o cuentas bancarias del extranjero están llegando los frutos del botín criollo.

En épocas anteriores, fue costumbre ir a Guayana para traer unos “cochanitos”, azabaches, peonías y pepas de zamuro montadas en oro, como gran riqueza popular. Con la competencia desleal de las autoridades que hasta el repele es de su exclusividad, en el estado Bolívar solo queda en recuerdos folclóricos la grandeza de “Guayana Es” a continuación, cantada por Carlos Baute, y la cual hasta nuevo aviso la tendremos como “Guayana fue”.

http://www.musictory.es/musica/Carlos+Baute/Guayana

Audio completo del suplemento “Experiencias Mayores”, en la voz del autor, Josué D. Fernández en:   https://youtu.be/G2FnA5fGh6Y

fernandez.josue@gmail.com – Nuevo tema para compartir catarsis con afectos cercanos… Riqueza venezolana de “oro azul” o coltán alcanzarían los cien mil millones de: dólares.  Un compuesto de colombita y tantalita, de color muy oscuro,  utilizado en microelectrónica, telecomunicaciones y en la industria aeroespacial.  http://comunicadorcorporativo.blogspot.com/2018/07/champan-oro.html.

No deje de leer:   Seniat y BCV iniciaron plan de formación sobre reconversión monetaria

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