“Calidad de Vida” por Arnaldo Rojas de @Funcamama

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Mucho se ha investigado y escrito sobre el Lenguaje Corporal. La premisa es que el lenguaje es un sistema de signos, propios del ser humano, que utiliza una comunidad para comunicarse oralmente o por escrito. Es la capacidad de “hablar” para expresar pensamientos y sentimientos. Sin embargo, en un sentido más amplio, también es posible decir que casi cualquier cosa de lo que somos “habla” de nosotros: la manera en que vestimos, la música que escuchamos y, más importante aún, las formas en que usamos nuestro cuerpo.

En este sentido, en psicología el concepto de “lenguaje corporal” alude a esos ademanes que hacemos en todo momento con nuestro cuerpo y que, en muchos casos, no son gratuitos: significan algo. A veces afirmamos con un movimiento de cabeza, o mostramos nuestra apertura o disposición hacia alguien extendiendo nuestros brazos. Igualmente, si estamos molestos o aburridos aunque queramos disimularlo se exterioriza por la expresión de nuestro rostro, por ejemplo, entre otras manifestaciones.

Entre las numerosas publicaciones sobre el tema, hemos recopilado cuatro aspectos en lo coinciden todos los especialistas en señalar como claves para una acertada interpretación del lenguaje corporal, ya que el cuerpo habla pero escuicharlo requiere de ciertas habilidades.

Tomar en cuenta el contexto. Un mismo gesto puede tener distintos significados en diferentes contextos. Cruzar los brazos, por ejemplo, que usualmente se toma como gesto de defensa, puede ser también una manera instintiva de conservar el calor en una habitación fría, o simplemente, que la silla donde se encuentra una persona no cuenta con descansabrazos.

Establecer relaciones. Como las palabras o los números, el significado de un gesto también puede cambiar si la persona se encuentra en compañía de otros. Si a alguien le sudan las manos pero nada más que eso, no es lo mismo que si dicho sudor ocurre junto con un tocamiento constante de cara o el movimiento inquieto del resto de su cuerpo, si se encuentra en una entrevista de trabajo, una declaración amorosa o un interrogatorio policial.

Precisar contrastes. Todos tenemos una especie de “normalidad” personal sobre la cual nos movemos cotidianamente. En cierta forma, al observar a alguien, eso sería nuestra referencia de “control”, a partir de la cual es posible hablar de otras formas de ser que salen de lo normal, que de algún modo son extraordinarias. Si, por ejemplo, vemos que una persona saluda a otras con cierta seriedad pero con una en especial se muestra efusiva, entonces, eso marca un contraste, eso es indicador de algo.

Considerar tus propios prejuicios. En cuestiones de percepción uno de los principales puntos a tomar en cuenta es nuestra propia posición de observadores que, contrario a lo que se cree, no es nunca objetiva pero sí puede ser consciente, esto es, podemos darnos cuenta de los prejuicios, suposiciones e ideas previas que ponemos en nuestra mirada y nuestra percepción. Si alguien nos es antipático probablemente interpretemos su lenguaje corporal de manera severa. Mientras que podemos hacer lo contrario, si se trata de un amigo, o alguien a quien queremos y apreciamos.

Si tomamos como referencias fundamentales estos cuatro aspectos, no se nos escapará ningún mensaje corporal y podremos acertar por los menos en un 75%.

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