Artículo de @gmanzougas: Analfabetismo político

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Una de las exigencias más importantes de la sociedad contemporánea es que todos los seres humanos de una u otra forma estamos obligados en mayor o menor medida a relacionarnos con la política en diferentes niveles. El término que encabeza este artículo hizo eco en mí recientemente, cuando buscaba soluciones para las numerosísimas situaciones de malestar que vivimos los venezolanos. Pensaba en un tipo de campaña que desnudara la realidad política venezolana y tomara en cuenta aquellos para quienes el tema no forma parte de los quehaceres de su vida y en cierto modo no les resulta familiar, pues lo más cerca de la política  donde pueden ubicarse es cuando ejercen el derecho al voto, o cuando usan algún servicio público que implique una política pública. Es decir, como en casi todos los países, es posible que los ciudadanos mantengan distancia del ejercicio de la política más allá del voto. Por supuesto, si profundizamos en la vía argumental que llevamos desembocaríamos en el tema de la democracia representativa y la democracia participativa y esto no es lo que pretendo tocar. Ya en otros artículos por venir con seguridad vamos a referirnos a este.

El tema es “la política en relación con el ciudadano”. Y en esa relación necesariamente el ciudadano no puede quedarse a una distancia que considere cómoda con respecto a la política. Quien no se adentra en esta vinculación, por  mantenerse al margen, es a quien se le denomina “analfabeta político”. Entiendo que hay bastante dificultad en distinguir categorías y especies en lo político. El panorama se complica aún más cuando encontramos relación entre la política y el derecho, hecho que es muy común. Si cada ciudadano no hace su esfuerzo en comprender, en definir, en atribuir características, en separar elementos para determinar consecuencias sobre una u otra opción, o una u otra definición, el resultado no se hará esperar. Todavía es más enredado, cuando aparecen en la ecuación los disfraces, aquellos que encubren las acciones que utilizan los políticos para enmascarar sus acciones. Por ejemplo, el populismo es un disfraz de la conducta para que su acción sea considerada en la opinión pública, en la sociedad y en el pueblo como una conducta positiva y dirigida a beneficiar una parte importante de los ciudadanos del Estado cuando en realidad lo que está buscando ese político, es lograr adhesiones y respaldos para  sí mismo. Otro ingrediente parecido al populismo se observa cuando vemos en el político la ambición desmedida y desbocada por el poder. Allí en este último caso el político se envilece, deja de ser persona, es  como esos seres humanos que se enferman de ludopatía, o se convierten en mitómanos,  es el momento cuando el ciudadano común debe aprender a detectar  si el político está aquejado de esta enfermedad. Sin embargo, el detalle y el trajín en la observación colaborarán para establecer con mayor exactitud otro tipo de dolencias que conseguimos en los políticos, aquellos que  disimulan con maestría y gracia ese deseo desmedido de poder que corroe su espíritu y razón, disimulo que provocará en cada ciudadano al menos una duda que favorecerá a quien encubre esa codicia por el poder político.

Alfabetizarse políticamente es necesario para no ser engañados, ni como individuos ni como pueblo. Alfabetizarse políticamente es aprender a distinguir entre el bien y el mal aunque la decisión que deba tomarse sea muy difícil aun con el riesgo de cometer errores, aunque el analfabeta político esté mucho más propenso a cometerlos que quien no.

Si miramos las decisiones, para alfabetizarnos también debemos llevar a cabo actos de la voluntad, pues ya alfabetizados nos comprometemos a llevar conductas dentro del bien y no a favor del mal.

Alfabetizarse políticamente es dar un paso a favor de la libertad para decidir lo correcto y no llevar a cabo lo incorrecto. Por ejemplo no hay manera de tomar decisiones políticamente correctas que violen o menoscaben los derechos humanos. Tampoco es correcto tomar decisiones políticas que restrinjan la libertad que tiene cada ciudadano para decidir lo que quiere ver en los medios de comunicación y más cuando se trata de la televisión. Si ya estamos alfabetizados políticamente el Estado no puede tomar decisiones que sustituyan la voluntad de los individuos pues el ciudadano alfabetizado sabe qué conviene y qué no. Por supuesto si pensamos en el mundo de las opciones políticas en Venezuela, el paternalismo exagerado del Estado o lo que se denomina de manera técnica “estatismo” sería otra enfermedad de los políticos, la cual se proyecta en las instituciones  que corren el riesgo de mimetizarse con la personalidad del político.

Con respecto al estatismo es justo afirmar que se configura cuando el Estado posee funciones absorbentes, y se vuelve tan importante que trastoca los valores individuales fundamentales. Con esto quiero afirmar que el Estado posee una importancia singular en la sociedad moderna pero como todo en el derecho y en la política el concepto de Estado debe mantener un equilibrio que respete la individualidad como esencia fundamental de la sociedad. No es posible pensar en la sociedad sin su elemento fundamental que es la familia y tampoco referirnos a ella sin pensar en el individuo.

Para finalizar en Venezuela en las últimas dos décadas la importancia del individuo se ha venido a menos, su espacio de movilidad es mínimo; las ideologías socializantes,  que buscan preponderancia del colectivo por encima del individuo, abarcan todos los espacios y esto ha causado un desequilibrio que de manera protuberante perturba y enceguece el libre desenvolvimiento de la persona.

@gmanzougas

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