Artículo de Cora Páez de Topel: Hambre y necesidad

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Cora Páez de Topel

La dieta de Maduro, la denominan ahora, con ese toque de humor criollo que nos permite reir ante la adversidad, tomar las cosas a la ligera como si no importaran las dificultades, lo que nos hace ser un pueblo alegre, siempre presto al chiste y a llevar la vida de una manera liviana, a pesar de la pobreza de al menos el 60% de la población que habita en los barrios, en las invasiones de terrenos, encaramados en los cerros de Caracas y en las montañas circundantes, o en los cinturones de miseria de las principales ciudades del país.  La Misión Vivienda es otra  de las falacias del gobierno de la Revolución Socialista del s. XXI, fácilmente comprobable al salir hacia la periferia para ver los ranchos y las casas precarias en calles sin urbanizar, construidas por la necesidad de tener un techo bajo el cual cobijarse.

A esa población de bajos recursos es a la que el régimen pretende seguir engañando con las bolsas de comida, los CLAP y últimamente con el Carnet de la Patria, haciéndolos creer que con esos programas de alimentación, basados en un modelo comunista fracasado, van a saciar el hambre y a satisfacer las elementales necesidades de subsistencia.  Hasta cuando seguir engañando al pueblo, burlándose de la ignorancia, del conformismo y de la indiferencia de una población que no termina de reaccionar, bien porque se acostumbró a vivir en la pobreza al no conocer otro modo de vida,  o porque sigue creyendo en las promesas y en los regalos del gobierno, que en largas cadenas de televisión y de radio exalta los logros de la revolución repitiendo descaradamente que están trabajando por el bien común,  avanzando hacia el progreso, cuando la realidad  señala que el país en estos últimos años va en retroceso.

No sólo pasa hambre el pueblo pobre, también la clase media cuyos salarios no alcanzan a cubrir la cesta básica, se ha visto obligada a reducir el consumo de alimentos, porque la inflación se traga los bolívares.  De un día para otro los precios suben, lo que ayer costaba mil bolívares, a la semana siguiente cuesta mil trescientos.  No basta el ticket de alimentación para compensar el alto costo de la vida, refiriéndonos sólo a la comida, sin tomar en cuenta las medicinas, la ropa, el colegio, la recreación y otras necesidades básicas del diario vivir.  Las estadísticas actuales señalan que muchos venezolanos hoy día no pueden satisfacer las tres comidas diarias, por lo que vemos que gran parte de nuestra gente ha bajado de peso, están más flacos, más desnutridos.  No es cuento que muchos hurgan en las bolsas de basura en busca de los desechos.

El hambre es el deseo vivo de comer, hecho sensible por las contracciones del estómago, es una necesidad fisiológica para satisfacer las funciones orgánicas.  Tener hambre y no poder comer produce malestar, es una sensación de ansiedad que no se calma hasta ingerir la porción de comestibles que el cuerpo pide. Las energías que se pierden con el diario trajinar, con el trabajo y el corre corre del ir y venir se reponen con los alimentos.  Es también un gusto personal que alegra el ánimo, saborear con deleite algo que sabe bien, una golosina, una bebida, un trozo de pan, una ración de carne,  además de saciar el hambre, satisface el paladar y da alegría.  Imaginamos la angustia de una madre cuyos hijos piden comida y ella no tiene dinero para comprar los alimentos.   Con ello se está violando un derecho humano de primera necesidad.

Valencia, 16 de Febrero de 2017.

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