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Apuntes de vagabundaje Judicial (I)

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TSJ en el exilio - acn
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Apuntes de vagabundaje judicial (I): Por  José Luis Centeno S. – Tomás Alzuru y Alejandro Rebolledo, desmereciendo la investidura de Magistrados, se desligaron de la “iniciativa TSJ Legítimo”, alegando, a voz en cuello, que “las decisiones tomadas por esta instancia son inaplicables en la práctica”, también, ser “carente de legitimidad”, si bien pudiesen tener razón, demuestran no haber asumido su compromiso ante el país, haciendo palpable el vagabundaje latente desde los albores de esa “iniciativa”.

Que no hicieran parte de ninguna de las decisiones del TSJ en el exilio, al igual que otros Magistrados agazapados, no los exime de ser unos irresponsables. En marzo de este año, Miguel Ángel Martín, aseguró, en nombre de ese órgano colegiado, poder “ejecutar sentencias fuera del país”, especialmente, tener “facultades para ordenar la detención de Nicolás Maduro”. Haciendo mutis, Rebolledo y Alzuru, aprobaron lo dicho, tomando parte en lo que muchos consideramos un show.

Lo sucedido, en nada debe sorprendernos, se venía advirtiendo, en el caso de Rebolledo se le calificó de “manzana podrida”, “sátrapa”; el constitucionalista José Vicente Haro le atribuyó, junto a Ramos Allup, un “intento por desarticular el TSJ Legítimo para evitar sentencia condenatoria a Maduro”. Tendría aviesas intenciones, no es casual que haya encabezado la lista de “infiltrados” de Salvatore Lucchese.

No se trataría de meras contradicciones, como valerse de su investidura para vender asilos o “ser voluntariamente Magistrado de un Tribunal que él desconoce”, en opinión del ex magistrado Perkins Rocha. No, “la delincuencia organizada está aumentando su poder”, nadie mejor que Rebolledo, autor de esa frase, lo sabe, lo vive propiciando con Tomás Alzuru el desmantelamiento del mal llamado “TSJ legítimo”, instancia altamente cuestionada al día de hoy.

Leonardo Pereira Meléndez, abogado penalista, autor de obras de incuestionable valor para estudiantes y abogados, corrobora lo dicho con anterioridad: “Lo dije hace tiempo y antes de la elección de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia: en esas elecciones privaron intereses políticos, particulares y se cometieron errores garrafales. Se lo advertí a muchos. El tiempo me ha dado la razón. Alejandro Rebolledo y Tomás Alzuru han mantenido contacto con la Dictadura.”

En línea con Pereira Meléndez, para el abogado Jesús Miguel Herrera la conducta de los Magistrados “es parte de la Jugada del régimen para desmoralizar a los demás Magistrados y pierdan la legitimidad que tienen por el reconocimiento y apoyo que han recibido internacionalmente”. La profesional del Derecho, Adriana, así, a secas, lo confirmó dejando en el ambiente una duda: “Lo cierto es que sin querer ayudan a la dictadura… O queriendo… eso no lo sé…”

El Magistrado Ramón Pérez Linares, desde otra perspectiva, arroja luces sobre lo sucedido: “Los Magistrados Alejandro Rebolledo y Tomás Alzuru, si ustedes revisan las decisiones, nunca firmaron las mismas, es decir no participaban, por lo que era inminente su retiro, que ahora formalizan, formar, mantener el TSJ en el exilio no es una tarea fácil, existen demasiados intereses en juego, presiones, angustias del destierro, miedos, por ello no es de extrañar su salida.”

A nivel de calle, donde situamos nuestros análisis, perciben que “a última hora se lanzan en esa aventura”, Alzuru y Rebolledo, insinuando, prácticamente a propósito del viaje y estada de Maduro en New York, que “todo en el Congreso de Colombia fue un espectáculo, que los diputados y senadores colombianos se prestaron a esa jugada”.

“…salen estos sinvergüenzas a decir esta vaina a estas alturas de la vida, después que le abrieron el procedimiento a Nicolás Maduro, que lo enjuiciaron, lo condenaron, le designaron un defensor, mira todos los pasos que dieron, y ahora Rebolledo dice eso, yo no estaba de acuerdo, ¡ah! tú no estabas de acuerdo y ¿por qué dejaste que el circo continuara?”

Según otros interlocutores, coincidiendo con la tesis de “la jugada del régimen”, “eso tiene una meta, los tipos vieron que la jugada no les resultó y dijeron no vamos a seguir haciendo el papel de ridículos, y quienes estaban dándoles billeticos, le dejaron de dar billete por que no vieron lo que ellos querían, y ahora los mandan a lavarse el paltó, ve qué haces. No fueron efectivos”.

¿Cómo queda el TSJ en el exilio, si los mismos Magistrados, los dos, los ocho, están diciendo que el alcance de ellos es puro gamelote, que ellos no tienen jurisdicción para hacer nada? Entonces, ¿cómo quedan? Son magistrados pero no están facultados como tal. Interesante tema para una próxima entrega, se escuchan comentarios.

jolcesal@hotmail.com – Twitter @jolcesal

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas: Por Luis Velázquez Alvaray.- El dirigente político en la resistencia, Antonio Ledezma, ha señalado la necesidad de acentuar la lucha contra la dictadura no solo de Venezuela, sino también de Nicaragua, tiranos que mantienen azotados a sus pueblos, con la misma fórmula, cumpliendo directrices impartidas desde la Habana, isla colonizadora del siglo XXI. Hoy Ledezma resume esta catástrofe: “Los métodos para asesinar son los mismos en Venezuela y en Nicaragua. Son dos dictaduras tuteladas por Castristas. Matan a placer, sin recato, ni contemplación. Su fin es el mismo: controlar el poder por el poder mismo, sin reparar la tragedia en que hunden a sus pueblos”.

Temidos. Turbas y colectivos, Nicaragua y Venezuela. Motos de alta cilindrada, hechas en China, llenas de sangre inocente, conductores asaltantes, entrenados para matar. Regreso a la edad media: violencia e ignorancia. Así describen en los medios del mundo a estos asesinos que arrastran con todo: la vida, los celulares, las carteras de sus víctimas, sus computadoras personales.

Los ejércitos de ambos países los protegen. Mejor, son un solo cuerpo armado, que cometen las mismas fechorías: asesinan a mansalva.

Avanzan a plena luz del día. Son protegidos por las fuerzas gubernamentales. Es un bandidaje que dispara a sus anchas.

Las turbas y los colectivos andan encapuchados, con cascos. No piensan para agredir. Gritan vulgaridades, drogados, su límite es la muerte.

En toda protesta pública permanecen al acecho. Los uniformados los cuidan y les señalan cuando actuar.

Son pandillas más fuertes que las conocidas de algunos países, ya que cuentan con el apoyo del Estado: dinero, impunidad, dueños de la “patria”.

Rodilla en tierra, fusil en mano. Pánico a su llegada. Viven entre Caracas y Managua, según las necesidades. Un cubano dirige a los encapuchados de las tres nacionalidades. También se les llama milicia nacional, Bolivariana o Sandinista

Maduro y Ortega, en sus alocuciones públicas, les hablan con códigos e interpretaciones que solo ellos manejan: “candelita que se prenda, candelita que hay que apagar”. Lenguaje delincuencial. Los Presidentes son dos colectivos más, dos integrantes de las turbas.

El alto mando está en la isla. Tienen un jefe inmediato: en Nicaragua se llama Pedro Orozco. En Venezuela Freddy Bernal. Andan camuflados, rodeados, en oportunidades se desprenden de su indumentaria para que la gente sepa que mandan, que dan ordenes, como aquella en el Táchira contra un conocido ganadero: “denle un tiro en la frente, yo voy camino al 23 de enero”.

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